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Blog misceláneo de Pablo Alemán (textos sujetos al derecho del autor)

sábado, 24 de diciembre de 2016

¡Extra, extra! Solidaridad. Número 1

Hola; disculpen por no poder participar en las últimas convocatorias jueveras. El trabajo aprieta al final de la evaluación y ya se sabe.

También para ultimar y publicar el primer número del periódico solidario que hemos creado el IES Lomo de La Herradura y el IES Jandía.

Lo inserto aquí para que lo disfruten.

Saludos y felices fiestas.
Pablo.


sábado, 10 de diciembre de 2016

Inundación

De un vuelo certero le arrebató el pincel, y el trazo azul fue tan desproporcionado que se inundó la arena, la avenida y el propio pintor que se agarraba a un bote salvavidas mientras gritaba ansiosamente que le devolvieran su herramienta.

(Pablo Alemán, 2016)

Paul Signac, Inundación en el Pont Royal

jueves, 8 de diciembre de 2016

Trasvase de vuelta (relato juevero)

Hola; me uno a la propuesta juevera de Charo. El tema da mucho que hablar; pensando sobre lo que voy a escribir, creo que voy a conectar este texto con otro que escribí y que se quedó como incompleta, Trasvase de ida

Saludos. 
Pablo. 

Trasvase de vuelta
El otro se va a la puerta, que cierra 
por dentro con llave, y se guarda ésta 
después de haberla mordido. 
(Unamuno, El otro)


Se quedó sin trabajo, sin pareja, sin horas, sin vida. Su sombra se había hecho con su perfil, con ese otro perfil en el que plasmaba sus hechos reales, su actos más evidentes. Y no solo le había cambiado la vida, sino sus intereses también, siendo estos muchos más umbríos que los que él se podía imaginar como el apego a la nocturnidad de la noche. 

Durante esos días, se estaba en la mesa de su casa, con su otra pareja, con su otro televisor delante, pero vacío. La caja tonta largaba una sarta de imágenes indefinidamente sin que se inmutase. Su cabeza iba en otro sentido, mejor dicho, en otra dirección. 

Estaba perdido sin su sombra. Y su sombra se había diluido por la noche. 

Un día por la mañana, tras estar un rato sentado sobre la cama con los efectos de quien tiene una resaca, observó una foto que tenía en la mesa de noche. Aparecía él con su mujer en uno de esos lugares a los que uno viaja una vez en la vida para que el tiempo diluya el olor y el ruido que absorbieron de ellos y solo quedase el recuerdo.

Entonces se puso de pie en un respingo y le vino un destello de luz. Se vistió como pudo, comió lo primero que estaba a mano y recogió su cámara, la misma cámara que sacó la foto de la mesa de noche y todas las que les había quitado en su perfil. 

Salió a la calle y empezó a merodear la ciudad. Buscaba sombras, sombras irreconocibles a la luz del sol. Se pasó todo el día buscando hasta llegar la noche, ese momento en que todo cambia de forma y de color, incliso las sombras. 

En la vuelta de una esquina encontró a su perfil. Allí estaba, en la puerta de un bar que daba a un callejón cualquiera, pero con vestimenta diferente, sonrisa diferente, una copa que nunca se hubiera tomado. Se acercó lentamente para que no se diera cuenta el otro mientras preparaba su cámara. 

En el instante en que se giró, la sombra se quedó en silencio, intentando reconocer la situación, hasta que cayó en la cuenta con las cejas enarcadas. Al tiempo, el otro levantó las cámara y el flash iluminó tanto con tanto blanco que la luz llegó hasta el final de ese callejón. Mientras sus ojos volvían a la normalidad miró el resultado de su foto. Allí estaba, con el mismo gesto, las mismas cejas curvadas y la boca a punto de abrirse. Pero el callejón estaba vacío. Todo lo contrario a cómo estaba él ahora.

Con el paso ligero se dirigió a su casa, descargó la foto en el ordenador y la imprimió. También borró toda evidencia en la cámara, cualquier atisbo de escape. Buscó un marco barato, encarceló la imagen, la misma imagen con el mismo rostro, el mismo rostro fosilizado de antes, y la guardó en un cajón de un armario perdido de su casa.

También fue a la red social donde se encontraba su perfil. 

Efectivamente. Había desaparecido. Sin duda se había producido el trasvase de vuelta; miró alrededor como quien se encuentra en un campo verde lleno de aire fresco. 

Por fin, ya tenía su sombra.

(Pablo Alemán, 2016)

domingo, 4 de diciembre de 2016

Hecha la inocencia

Hola; aprovecho que estoy probando una herramienta multimedia para poner un poema del libro que me publicaron el año pasado.

Saludos.
Pablo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Tras el otoño

Germina todo

Germina todo
si vive la humedad
en tus adentros.



Baldosas ocres


Baldosas ocres
que noviembre dejó
con mi presencia.



De las cortezas manan

De las cortezas
viejas y fuertes, manan
siempre los tallos.



Tras el otoño

Sí, hay esperanza.
Lo dicen las cortezas
tras el otoño.


Textos e imágenes: Pablo Alemán, 2016.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Reiniciar (propuesta juevera)

Hola; me sumo a la propuesta de Pepe, una propuesta bastante interesante. Espero, una vez más, que disfruten como yo lo suelo hacer con sus relatos.


Reiniciar

"Salta... ¡No! ¡Escóndete...! ¡Ahora! ¡Dispara!" 

Con estas palabras, David conectaba con el mundo. Si es que se podía llamar así. Era lo que se dice un gamer, un adolescente cualquiera que, en un momento dado, decidió que era más divertido conectar con personas de diferentes partes del mundo y deshacer su entorno real, más perceptible. 

"¡Ey! ¡Eso no lo hagas! ¡Nos van a descubrir!"

Se escuchan los gritos de David desde el salón como si estuviera en el mismo Afganistán. Ojalá. Aquí, en este mundo, los heridos se curan, los amputados recuperan sus extremidades y los muertos pueden resucitar. Si lo haces mal, qué mejor que reiniciar y hacer bien aquello en lo que habías errado. 

"¡Pum! ¡Mierda, cabrón, por tu culpa me acaban de matar!"

David tira el mando con fuerza hacia el suelo. Culpa de su torpeza a sus demás compañeros (bueno... compañeros...) de la campaña tan desastrosa que acaba de ejecutar. Mientras espera a que los demás gamers terminen el mapa digital de la mentira para resucitar de nuevo y empezar a dar caña, David tiene sed. Se levanta, sale de su cuarto y se dirige a la nevera. Un vaso de leche es suficiente para recuperar fuerzas. 

Mientras bebe, observa la nota de su madre. 

"No te olvides de hacer la compra"

David ha perdido la noción del tiempo. Bueno, eso es mentira: el tiempo real. Su cerebro se ha acostumbrado a las misiones con cuenta atrás, campañas einstenianas de donde un minuto equivale a cuatro horas. Pero David cambia el chip. Sale de su casa, se monta en su Volskwagen Polo y sale como un potro desbocado. 

Se acuerda que tiene a sus compañeros esperando por él. Acelera por lo tanto. Y no pasa nada: se conoce la carretera desde que tiene razón, desde que iba en el asiento trasero del coche de sus padres. Lo que ocurre es que la calzada está húmeda de la lluvia de anoche.  Eso sí que no lo conoce David.

David derrapa.

"¡No! ¡Gira, coño!"

David derrapa.

"¡Frena, frena! ¡No...!"

David abre los ojos en una cama que no es la suya. Sus padres están a su lado. Se presignan como si hubieran vivido un milagro. La enfermera, que se encuentra al otro lado, hace una mueca de conformidad. 

Mientras le hablan ininteligiblemente, intenta moverse. Sus gestos solo llegan hasta el cuello. Más allá, silencio. 

Silencio, quietud, nada. 

Ni siquiera reiniciar la partida donde la dejó David. 

(Pablo Alemán, 2016)
 



lunes, 21 de noviembre de 2016

Historias en color ocre

Historias en color ocre

No era el mar pero se le parecía; a través de la ventana del tren lo único que le diferenciaba era el color ocre que se iba difuminando hasta convertirse en cielo, tal y como decía Antonio Machado...

Por cierto, a Machado solo lo conocí dos veces. La primera cuando esos versos dedicados a la muerte de Leonor aparecieron en el funeral de mi abuelo. La segunda ahora, en este viaje en Talgo tintado de ocre y cargado de historias por descubrir. Lástima que no se lo pueda presentar a mi abuelo.

(Pablo Alemán, 2016)


(Fuente de la imagen: http://www.todopueblos.com/alovera-guadalajara/fotos/)